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Prueba del esplendor adquirido por la nueva plaza, es su magnífica arquitectura. De la que pese a su deterioro, conserva esa grandeza, monumentalidad y viveza heredadas de la fusión entre el espíritu tradicional mediterráneo (la plaza) y la solemnidad del esquema cerrado castellano.
Su solar rectangular atesora actualmente restos cada vez más escasos, de los siglos XVII y XVIII, a los que se les han unido las incorporaciones de los siglos XIX y XX. Predomina la uniformidad en su alzado, con casas de tres plantas caracterizadas por inclinadas cubiertas a dos aguas y amplios balaustres corridos que conectan sus simétricos vanos, los cuales descansan, a veces, sobre columnas. Esta configuración responde al sentido lúdico que desde siempre tuvo esta plaza, en la que el solar era -y es- escenario de múltiples espectáculos (juegos y corridas de toros, festivales y manifestaciones de muy diversa índole), presididos por un palco de honor, mandado construir por el Marqués de las Cuevas del Rey, en un torreón desgraciadamente perdido.
También han desaparecido otras construcciones, entre las que son dignas de mencionar, por su añoranza, la soberbia puerta de Sevilla y el antiguo Ayuntamiento (levantado hacia 1854, destacaba su reloj). Las cuales han sido sacrificadas por "modernos" edificios, verdaderas caricaturas (pastiches) de las viejas formas, cuya mediocridad, carente de personalidad artística, contrasta con las obras del XIX, estas últimas de un claro exponente vanguardista, donde la funcionalidad y la estética emanan de sus propias formas, (no están reñidas).
Tal como se ven en el Casino, ejemplo de la introducción en la arquitectura de los nuevos materiales (hierro y cristal) y de la nueva concepción de espacio. Este edificio está vinculado a la burguesía del momento, especialmente a las ideas renovadoras de los Cuadra.
Fuente: Página del Ayuntamiento de Utrera